El deterioro del Camino Negro, que conecta Villa Elisa con Punta Lara, volvió a encender la alarma entre vecinos, automovilistas y visitantes habituales de la zona. Se trata de una vía estratégica para la circulación regional y, al mismo tiempo, de un corredor que atraviesa uno de los pulmones verdes más importantes de la provincia de Buenos Aires.
Según relataron frentistas y usuarios del Camino Negro, en diálogo con los colegas de Diario El Día, el estado del asfalto es crítico a lo largo de gran parte del recorrido. Pozos profundos, sectores completamente destruidos y extensos charcos de agua estancada convierten la circulación diaria en una maniobra peligrosa.
En varios tramos, la calzada resulta prácticamente intransitable, obligando a los conductores a realizar desvíos bruscos para esquivar los cráteres que se multiplican. La situación afecta tanto a autos como a motos, ciclistas y peatones, incrementando el riesgo de accidentes, especialmente de noche o en jornadas de lluvia.
Al mal estado del camino se suma otro problema que genera fuerte malestar: la acumulación de residuos a la vera de la traza. Bolsas plásticas, restos de basura domiciliaria, desechos quemados y materiales abandonados aparecen entre la vegetación, degradando el entorno natural.
Vecinos advierten que la falta de controles y mantenimiento sostenido agrava una situación que lleva años sin respuestas. La presencia de basura y agua estancada no solo afecta el paisaje, sino que también favorece la proliferación de insectos y pone en riesgo a la flora y fauna autóctonas de la reserva.
Quienes transitan a diario el Camino Negro coinciden en que el deterioro no es nuevo, pero sí cada vez más evidente. Reclaman obras de bacheo, limpieza y señalización que permitan recuperar una traza clave para la conectividad y preservar un área ambientalmente sensible.
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