lunes 08 de marzo de 2021 - Edición Nº824

Weekend | 12 feb 2021

Paladar Norte

Rímel, risas y Ristoff: En verano City Bell tiene su encanto

Cómo empezar la semana bien arriba con amigas, tapeo y tragos de autor.


El sábado del fiasco al wok organizamos para vernos algún día de la semana siguiente. Teníamos que compensar después de tantos meses sin vernos, aisladas por la cuarentena. Quedamos en cenar el martes. Yo olvidé que Nicolás jugaba al pádel y confirmé presencia, cuando caí en la cuenta de lo complicado que se iba a poner todo, decidí que igual ni modo iba a cancelar la velada.

Llegó el día y, aunque Mercurio retrógrado hizo de las suyas todo el día para darme ganas de cancelar, nos juntamos igual. Idas y venidas sobre dónde sería el lugar de reunión, sin mejores ideas sugerí el bodegón de Los Porteños. Juli se copó con la idea; Maca, por otra parte, veía con desgano la idea de conducir de noche desde Villa Castells hasta la zona de ese restaurante. Así que mostramos empatía y cambiamos de locación.

Celeste, que no había participado de la conversación virtual en toda la tarde, sugirió sobre la hora un tal Ristoff. A Maca le gustó la cercanía y, luego de explicarle que era el lugar donde solía haber un resto asiático con mil macetas terracota, ya estaba todo dicho. A las 8.30 p. m. en 14 A entre Cantilo y 473 bis. Busqué en Instagram el lugar, para ver con qué me iba a encontrar y me pareció adecuado. Me hubiera gustado encontrar la carta, para ir pensando qué quería comer, pero no estaba cargada en esa red social. Una lástima, hubiera sido un gran beneficio…

Se hizo la hora. Llegamos todas juntas a esa casa con piedra Mar del Plata y quedamos impactadas con la decoración del lugar. La casona tiene tanta personalidad, que quizás todo lo que tiene adentro puede resultar demasiado, pero, individualmente, las elecciones son bellísimas: la parecita verde de la sofisticada barra, las lámparas color cobre y ese techo mágico confeccionado con trozos de las macetas terracota regalan una vista fantástica.

Nos recibieron con un aperitivo de cortesía muy similar al Campari, pero sin ese amargor que suelo rechazar de esa bebida en particular. Leímos la carta, aunque me costó un poco por la iluminación con la que contábamos en esa mesa del exterior —vejez, siempre vejez— y elegimos las tres opciones de tapeos combinados, el fuerte de la casa. Iba con ganas de comer alguna ensalada gourmet, pero, aparentemente, esos platos se sirven solo al mediodía. Se ofrecieron amablemente a preparar una con lo que tenían, pero al leer lo que incluían los tapeos, la tentación me llevó a apoyar la moción de pedir esos.

La moza tuvo que venir varias veces para ir trayendo las distintas cazuelitas y platos que componían el pedido. Cada uno se veía mejor que el anterior. El platito con calamares a la provenzal fue el primero que robó mi atención, y el sabor no defraudó. Las tres opciones de brusquetas estaban increíbles: una con nueces y queso azul; la otra con tomatitos confitados y palta; y la última con salmón curado y mango. El pincho de pollo y panceta también fue uno de los favoritos de la mesa, al igual que el lomo en salsa de champiñones y chardonnay. Venía con otras cazuelitas más, pero estas son las que quedaron grabadas en mi memoria y en mis papilas.

Respecto a la coctelería, de autor, no puedo juzgarla por mi paladar, porque no estoy consumiendo alcohol, pero sí por los gestos y opiniones de mis amigas. En este regreso al gin tonic que se está viviendo, el lugar les vino como anillo al dedo, ya que podían elegir que lo prepararan con naranja, lima o limón. Servidos en unos copones hermosos, fue difícil decir que no cuando me ofrecieron probarlo (pero pude resistirme). Maca pidió el Frida Meister, una bebida con Jägermeister que le encantó, por suave pero sabrosa; yo, como siempre, maridé con Coquita light

Nos atendieron muy cordialmente, la moza sabía explicar en detalle cada uno de los platos y las bebidas, e informar todo aquello que uno necesitara saber. Nos quedamos hasta tarde y nunca osaron mirarnos mal o invitarnos a retirarnos. Pasamos una noche hermosa, conversando sobre la copa menstrual, el colegio público y visitar Disney en pandemia, acompañadas de riquísima comida y refrescantes tragos.

Compartimos la cuenta, como siempre, y no sentí que hayamos pagado caro. De cualquier forma, fue dinero bien gastado.

Por Vera White

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